Detenido un hombre de 74 años como presunto autor del envío de cartas con material explosivo a Sánchez y la embajada de Ucrania

Un hombre jubilado de 74 años de Miranda de Ebro (Burgos) ha sido detenido en las últimas horas como presunto autor del envío de cartas con material explosivo a, entre otros, la Presidencia del Gobierno, las embajada de Ucrania en Madrid y también el Ministerio de Defensa.

El arrestado trabajó como funcionario del Ayuntamiento de Vitoria y en la actualidad vivía solo, sin conocérsele adscripción a ningún grupo político.

Después de su detención, efectuada por agentes de la Brigada Provincial de Información de Madrid, los Tedax y la Policía Científica van a registrar su casa. Después, será trasladado a la Comisaría general de Información. Tras comparecer ante la policía declarará ante el titular del Juzgado Central de Instrucción número 4 de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, que investiga lo ocurrido como delitos de terrorismo el próximo viernes.

Los envíos se realizaron en dos fases a finales de noviembre del año pasado. De acuerdo con las primeras pesquisas, un primer envío se habría realizado a la Presidencia del Gobierno a través del correo ordinario. El 24 de noviembre fue detectado y neutralizado por los servicios de seguridad de La Moncloa y la existencia de este envío no fue comunicado hasta semanas después, cuando se supo del envío a Defensa y la embajada de Ucrania en Madrid.

El explosivo que contenían los paquetes era muy rudimentario, básicamente pólvora de petardos y pirotecnia, prensada con un pequeño dispositivo para causar la detonación. Algunos llevaban además rodamientos y pequeña tornillería a modo de metralla.

Además de a Moncloa y a la sede de Defensa en el Paseo de la Castellana, se enviaron paquetes a la embajada de Ucrania (dejó un herido leve), la de Estados Unidos, la empresa de armamento militar Instalaza (Zaragoza), y la base militar de Torrejón de Ardoz.

Este último, remitido al Centro de Satélites de la Unión Europea de la Base Aérea de Torrejón, es el único que no se detonó y el que más pistas ha arrojado. De él pudieron extraer ADN, que no coincidió con la base de datos policial. Además, los sobres estaban manuscritos, con una caligrafía que indicaba que el autor podía tratarse de una persona mayor. El remitente era una dirección de correo inexistente.

Como Correos carece de un sistema de trazabilidad de sus envíos, la Policía tiró de un método artesanal. Recogieron las imágenes de las cámaras de las oficinas de Correos desde las que habían sido repartidos los paquetes. Localizaron los paquetes en las cintas y con ese dato (fecha y hora a las que pasaban) intentaron reconstruir el recorrido, que le llevó a Castilla y León (Valladolid y Burgos).

Los sobres eran el elemento más distintivo de los envíos, ya que no se trataba de sobres convencionales, sino de características muy peculiares. Eran sobres de cierre autoadhesivo de 20×15, pero con un troquelado muy especial. La Policía logró encontrar la empresa que había distribuido esos sobres mediante venta online. La Policía comprobó uno por uno todos los compradores de este material en distintas provincias de España y saltó una coincidencia que hizo saltar las alarmas por el posible origen de los paquetes: había un comprador en Burgos.

Centrados ya en este individuo, la Policía comprobó que también había adquirido online sellos de la edición conmemorativa y otro material presente en los paquetes bomba (al parecer, los rodamientos). Todos esos indicios y pruebas llevaron a la conclusión al juez y a la policía de que el ahora detenido es el responsable de los envíos